La vuelta al pueblo, como siempre le pareció eterna, dado que ninguno de los dos hablaba.
Allí todos recordaban la primera cacería de Violence.
Trece años.
Iba acompañada de otros dos chicos de un par de años más que ella.
Tan sólo era una visita al campo, pero uno de ellos perdió un par de dedos, y al otro le faltó poco para perder la cabeza.
Tres o cuatro mutaciis, vuelven a decir las malas lenguas.
Cuerpos demacrados teñidos de negro, carentes de ojos.
Que su hedor a muerte hace que los animales huyan en estampida.
Corrían muy rápido, y quien no tuviera una buena vista y reflejos, está muerto.
El hierro les afecta. La luz no les incomoda lo más mínimo.
Dicen que Violence cargó con los cuerpos de los mutaciis, ella sola, hasta el pueblo.
Los chicos recibieron un sermón por haber permitido a la niña cargar con los cuerpos ella totalmente sola.
Hasta que bajaron la cabeza, diciendo que ella misma se los había cargado, sin que el veneno procedente de sus mordiscos le afectara lo más mínimo.
Violence era huérfana, y con lo ocurrido, nadie quería mantenerla en su casa a toda costa.
Fue cuando Fray dio un paso adelante, acogiendo él mismo a la pequeña.
Así fue como transcurriendo los tres siguientes años, Violence pronto cumpliría diecisiete años, habiendo aprendido todo lo necesario para poder sobrevivir... sin él.
Algo lo sacó de su ensoñamiento, en modo de golpes contra la puerta, nerviosos, gritando su nombre.
Corrió hacia la puerta, temiendo, como todas las veces que ocurría aquella situación, no fuera Violence quien estuviera herida e inconsciente, al borde de la muerte.
Pero a sus pies yacía un chico, joven, y prácticamente inconsciente.
Para el colmo, estaba delirando.
Lo que realmente le asustó fue la visión de la chica ensangrentada por todos lados, con vendajes saturados de sangre y una palidez que hasta a él le asustaba.
¿Violence? No.
Volvió a parpadear.
Esa chica tenía el pelo rubio, casi blanco.
No hay comentarios:
Publicar un comentario