- Me duele.- se quejó.-Tom, ¿me escuchas? Eh.
Su pierna volvía a estar torcida en un ángulo extraño, con algunos rasguños.
- Cállate. Si no te doliera, tu cuerpo sería demasiado amable contigo.
Violence resopló. Aquellas cacerías nunca salían bien.
No del todo.
- Recolócamela de una puta vez.
- ¿Tienes una rama? - Violence se la mostró, y a continuación la mordió.- Bien. - Cogió su pierna, aguantándola con firmeza, y estiró de golpe, hasta escuchar un crujido.
Violence había cerrado fuertemente los ojos, y escupió la rama junto con algo de saliva.
Dobló la pierna, suspirando aliviada.
- ¿Puedes levantarte? - Violence asintió, y Tom le cogió del antebrazo, levantándola del suelo.
En un instante miró a su alrededor.
-¿Cuánto nos darán por todo esto?
Tom miró los mutaciis, intentando calcular.
- Antes daban más. - Tom escupió a un lado. - Por lo menos, lo podremos cambiar al menos por algunos guantes de mutacii nuevos. Los tuyos están hechos una mierda.
- Algo es algo.- Bufó ante el comentario. Le gustaban sus guantes. - Yo no los pienso destripar. Huelen fatal ahí dentro.
Uno de ellos se movió, pero Violence le volvió a clavar su lanza, en la cabeza. Plaf.
- No dejes que su veneno te alcance, niña imprudente. O yo mismo te atravesaré la cabeza con tu querida lanza.
Violence suspiró. Se agachó y les arrancó los colmillos a algunos de ellos con las manos desnudas. El veneno recorrió su piel, sin daño alguno, ante un resoplido de Tom. A él le molestaba demasiado que hiciese eso, en cambio, para ella era lo más divertido del trabajo.
Algo de veneno se derramó en sus botas, y el líquido empezó a sisear, destruyendo parte del calzado.
- Los guardo para un collar.
Él le miró atónito, intentando encontrarle contestación a eso.
- Es para Fray, lo necesita para sus pociones, idiota. No tienes sentido del humor.
Resopló por quinta vez en esa tarde, y empezó a caminar sin esperar a Violence, que se apresuró a cargar con el cuerpo que faltaba, suspirando.
Aquel era el cuarto compañero de Violence. La mitad estaban en cama, y la otra mitad, muertos.
Ya nadie quería acompañarla por los alrededores, así que quiso ir sola, pero no le dejaron.
Tenía que aguantar a ese tal Tom que le doblaba la edad y que era demasiado robusto para luchar.
Y con suerte, moriría pronto.
Pero estaba durando demasiado, lo bastante para cogerle confianza e incluso cariño.
Y la confianza daba asco.
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