Evaluó rápidamente a la chica, chasqueando la lengua, con disgusto.
Acto seguido les pidió a todos que se fueran, para poder trabajar.
Tuvo que cargar con el chico para poder tumbarlo, porque no se mantenía en pie.
Volvió por segunda vez a la chica, con una cubeta, trapos y agua.
Empezó a limpiarle la sangre, con cuidado para descubrir cualquier herida importante, una en el costado y otra atravesándole la espalda, posiblemente de flecha.
Miró al chico, de nuevo inconsciente. ¿Le habría sacado él mismo la flecha?
Volvió a contemplar el cuerpo de la chica, a las heridas, que deberían estar sangrando. No lo hacían.
Podría ser corriente que la herida de la posible flecha dejara de sangrar, tampoco era demasiado grande, o no tan grande como la del costado.
Y eso era lo que le extrañaba, que la del costado hubiese dejado de sangrar, no era de las que se solía cortar la sangre por sí sola y tampoco existía planta alguna, que después de ingerirla, se dejase de brotar sangre.
Esa herida podría causarle la muerte, - pensó para sus adentros- pero ella aún respira, aún está viva.
Percibió que tenía sudor frío, lo cual también le era extraño. Era un indicio de septicemia, pero no tenía convulsiones ni heridas infectadas.
Tenía que interrogar a aquel chico, para al menos, que le aclarase lo ocurrido.
Examinó los ojos de la chica con una linterna, en busca de alguna conmoción cerebral.
Aquello le entristeció.
Ciega.
Tenía los ojos translúcidos, sin color.
¿Serían ciegos los dos? Se dijo, yendo hacia el chico para examinarle, pero él estaba perfectamente.
En ese momento despertó, y enfocó como pudo a Fray.
-¿Quién eres tú?¿Dónde está Hayley?- Jake hizo una pausa, mientras Fray le observaba callado.- ¡HAYLEY! - comenzó a chillar su nombre unas cuantas veces más.
-Tu novia está en la otra habitación.- Hizo una pausa. - Dime, ¿qué os ha pasado?
- No sé muy bien por dónde empezar y perdona, pero tampoco creo que pueda confiar en ti.
-Tú mismo, chico. Pero tu novia necesita cura y no puedo saber cómo hacerlo si no sé como ha pasado. -
Hubo silencio durante unos cuantos segundos, en los que Fray tragó saliva antes de volver a hablar. - ¿Cómo se ha hecho esas heridas?
Jake dudó un segundo, y luego decidió, por fin, contestarle.
-La del costado no lo sé, cuando la encontré ya la tenía, luego la de la espalda, fue en el bosque, saltó una de esas trampas para animales, creí que las había esquivado todas, pero llevaba a Hayley a la espalda, y no me di cuenta hasta que llegamos a un río.
Fray se tensó de golpe.
- ¿Has dicho el río?
- Sí, lo encontré y la senté como pude cerca de unas rocas y allí le quité la flecha, descansamos un par de minutos, no mucho.
- ¿Bebisteis de ese río? - dijo Fray, preocupado.
- Sí... llevábamos días sin líquido alguno...-le tembló la voz.- ¿qué pasa?
- ¡Chico estúpido! ¡¿Cuánto habéis bebido?!
- Hayley un par de cantimploras, yo un par de tragos...
- Ese agua, de ese mismo río, - Fray empezó a elevar cada vez más la voz.- provocan alucinaciones, te sedan y podrían hasta matarte. Ella podría quedarse así durante años. Además... ¡¿Cómo se os ocurre ir tú y tu novia ciega por el Círculo solos?! - terminó por gritar, sin esperar la reacción de Jake, que le contemplaba pálido como la cal.
- ¿Ciega? Ella no es ciega. - Dijo Jake, como si fuera un susurro, esperando que no fuese cierto.
- Ella está ciega, compruébalo tú mismo.
Jake se levantó con rapideza, y viéndolo todo aún borroso, se encaminó hacia Hayley, levantándole con sumo cuidado los párpados.
Se le cayó el alma a los pies. Sus iris, pupilas.
El violeta de antaño se había diluido junto con el agua de ese maldito río, y ahora eran translúcidos.
Le cerró los ojos, y se esforzó por no llorar.
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