¿Porqué la dejó ir? Rompió su promesa.
Se aseguró de que no había nada en aquel río y se sumergió con Hayley en él.
Tendría como metro y medio de profundidad, y el agua estaba helada.
Al instante se tiñó de rojo. Si tenía suerte, cuando ella había despertado, no notaría la flecha hasta que el intentara sacársela.
Cuando pudo limpiar totalmente la sangre de Hayley, la llevó a la orilla, sentándola como podía.
Observó la flecha. Si la partía e intentaba sacarla, se podría astillar y le provocaría una grave infección.
Empalideció.
Tendría que empujar la flecha para poder sacarla.
Volvió a mirar a Hayley, que parpadeaba continuamente, para intentar enfocar bien a quien le sujetaba. Le miró, asustado.
- Hayley... No te muevas, ¿vale? Tienes una.. -tragó saliva- flecha en la espalda.
No le contestó. La sangre no cesaba, y Jake volvía a tener las manos rojas de sangre.
- ¿Hayley? ¿Me escuchas? - Su voz temblaba.
- Jake...- Dijo ella, como en un susurro.
-Hayley, escucha, te va a doler pero tienes que aguantar, tienes que aguantar hasta que estemos los dos a salvo.
- Jake - Volvió a susurrar.
-Aguanta, aguanta por mí, por favor. - Dijo Jake, mientras que notaba cómo su voz se iba aflojando.- Tienes que hacerlo, ¿vale? - De repente se le empañaron los ojos de lágrimas, y una cayó a la cara de Hayley.
Notaba la respiración de Hayley en su propio rostro.
-Jake, voy a estar aquí siempre. Te lo prometo.
- Te voy a sacar la flecha, ¿vale? Lo voy a hacer despacio, voy a intentar que te duela lo mínimo.
Empezó a empujar la flecha lentamente, como le dijo. Ella se mordía el labio aguantando el dolor, casi haciéndose sangre.
Entrecerró los ojos y los volvió a abrir, lentamente. Cuando volvió a abrirlos, Jake tenía entre sus manos la flecha totalmente ensangrentada.
- Dijiste que no dolería.
Él la miró y le sonrió, dejando ver sus dientes blancos, que destacaban, aún más si era posible, sus ojos azules.
-¿Estás bien? ¿Te has mareado? - Le preguntó Jake, preocupado.
-Un poco sedienta, eso es todo...
Jake revolvió en su mochila, sacando cosas sin parar, hasta que dio con su cantimplora, y vendas.
- Tienes suerte de que estemos al lado de un río, ¿sabes?- Se levantó dejando a Hayley apoyada en su mochila, con cuidado.
Se apoyó en las piedras, arrodillado en la orilla. Llenó su cantimplora, y volvió a levantarse, volviendo hacia Hayley, dándosela y ayudándola a sentarse.
Mientras ella bebía, él le tocó la frente en busca de fiebre, bebiendo de la cantimplora cada vez que ella se la pasaba.
- Déjame volver a ver tu espalda. - Hayley asintió, observando cómo Jake daba la vuelta y le levantaba la camiseta hasta por debajo del sujetador. Por suerte, la herida de la flecha estaba en el hombro, y ella llevaba una camiseta de tirantes. No tendría que pasar por el apuro.
La herida había dejado de sangrar.
- Vaya.. Has dejado de sangrar, como por arte de magia. - Volvió delante de Hayley, mirándole sorprendido, mientras cogía las vendas e empezaba a vendarle la herida de flecha.
Ella sonrió, mirando hacia sus pies, como avergonzada.
-Siempre dijiste que toda yo era magia, quizás tengas razón.- Le devolvió la mirada, aún sonriendo.
Él le cogió de la cara con una mano, y la acercó a él, lentamente.
- Eres mágica, siempre lo has sido. - susurró.
Él se acercó más a ella, entreabriendo los labios, quedando a centímetros de los suyos.
- Jake- dijo Hayley, con la voz casi apagada.
Cuando sus frentes se tocaban Jake se acercó aun más a sus labios, rozándose.
- Jake, para. - dijo ella, apartando con suavidad la mano de Jake de su rostro. Él se echó para atrás, asustado.
- ¿Qué ocurre?
- No me encuentro bien - dijo en un susurro.
-Está bien, volvamos a caminar, no creo que tardemos mucho en encontrar ayuda, o alguna población. - se levantó, y ayudó a Hayley a levantarse. - ¿Puedes andar?
- Eso creo.
Empezaron a caminar, ella iba dando traspiés. Le dolía la cabeza, el sol le empezaba a quemar.
Entonces vio como la figura empezaba a cambiar, a deformarse.
Como si fuera la sombra de Jake, se había retirado todo color de él y se había manifestado el negro.
Donde había manos ahora se encontraban zarpas. Sus ojos, los que antes había idolatrado, se habían desvanecido.
Sabía que su visión era irreal, pero aún así sentía miedo.
La voz que le acababa de preguntar porqué se había parado ahora era gutural, y ahora pronunciaba su nombre.
- No me... toques...-
Fue lo último que dijo antes de caer al suelo, sin conocimiento.
Jake se acercó corriendo a Hayley, sujetándola por los hombros y zarandeándola con cuidado, sin respuesta.
Intentó despertarla con agua de su cantimplora. Nada.
-Venga... por favor, no me falles ahora. - Comprobó si tenía pulso, y sus constantes vitales eran correctas, se dijo a sí mismo.
¿Se había desmayado por agotamiento? ¿Por la pérdida de sangre? Bien podían ser las dos cosas.
Le dieron un par de pinchazos en la sien, soltó un grito sujetándose la cabeza entre las manos.
Empezó a ver borroso, y sintió los brazos flácidos y débiles, pero aún así cogió a Hayley en brazos, acobijando su cabeza en el hueco de entre su cuello y el hombro, con un brazo a cada lado de su torso.
Echó a andar, quizá minutos o quizás horas, pero se le hicieron eternos.
Sin saberlo, se metió en un poblado. Supo sin mirar a los lados que la gente lo miraba, así que supuso que el aspecto de ambos debía ser deplorable.
Notó que estaba hiperventilando, su visión se nublaba y se mareaba cada vez más por momentos, pero sujetó con toda la fuerza que podía a Hayley.
Alguien les gritó.
Cogieron de sus brazos a una ensangrentada Hayley y le dirigieron, sin querer él, a una especie de cabaña.
Antes de cruzar el umbral, cayó inconsciente a pies de quien después conocería como a su salvador.
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