miércoles, 9 de enero de 2013

Capítulo 4. Segunda parte.

Fray ordenó a los que llevaban a la chica que la tumbasen en la camilla, y al otro chico, que lo sentaran en una silla, si es que siguiera consciente.

Evaluó rápidamente a la chica, chasqueando la lengua, con disgusto.

Acto seguido les pidió a todos que se fueran, para poder trabajar. 

Tuvo que cargar con el chico para poder tumbarlo, porque no se mantenía en pie. 

Volvió por segunda vez a la chica, con una cubeta, trapos y agua. 

Empezó a limpiarle la sangre, con cuidado para descubrir cualquier herida importante, una en el costado y otra atravesándole la espalda, posiblemente de flecha. 

Miró al chico, de nuevo inconsciente. ¿Le habría sacado él mismo la flecha? 

Volvió a contemplar el cuerpo de la chica, a las heridas, que deberían estar sangrando. No lo hacían. 

Podría ser corriente que la herida de la posible flecha dejara de sangrar, tampoco era demasiado grande, o no tan grande como la del costado. 

Y eso era lo que le extrañaba, que la del costado hubiese dejado de sangrar, no era de las que se solía cortar la sangre por sí sola y tampoco existía planta alguna, que después de ingerirla, se dejase de brotar sangre. 

Esa herida podría causarle la muerte, - pensó para sus adentros- pero ella aún respira, aún está viva. 

Percibió que tenía sudor frío, lo cual también le era extraño. Era un indicio de septicemia, pero no tenía convulsiones ni heridas infectadas. 

Tenía que interrogar a aquel chico, para al menos, que le aclarase lo ocurrido. 


Examinó los ojos de la chica con una linterna, en busca de alguna conmoción cerebral. 

Aquello le entristeció. 

Ciega. 

Tenía los ojos translúcidos, sin color.  

¿Serían ciegos los dos? Se dijo, yendo hacia el chico para examinarle, pero él estaba perfectamente. 

En ese momento despertó, y enfocó como pudo a Fray.

-¿Quién eres tú?¿Dónde está Hayley?- Jake hizo una pausa, mientras Fray le observaba callado.- ¡HAYLEY! - comenzó a chillar su nombre unas cuantas veces más.

-Tu novia está en la otra habitación.- Hizo una pausa. - Dime, ¿qué os ha pasado?

- No sé muy bien por dónde empezar y perdona, pero tampoco creo que pueda confiar en ti. 

-Tú mismo, chico. Pero tu novia necesita cura y no puedo saber cómo hacerlo si no sé como ha pasado. -
Hubo silencio durante unos cuantos segundos, en los que Fray tragó saliva antes de volver a hablar. - ¿Cómo se ha hecho esas heridas?

Jake dudó un segundo, y luego decidió, por fin, contestarle.

-La del costado no lo sé, cuando la encontré ya la tenía, luego la de la espalda, fue en el bosque, saltó una de esas trampas para animales, creí que las había esquivado todas, pero llevaba a Hayley a la espalda, y no me di cuenta hasta que llegamos a un río. 

Fray se tensó de golpe. 

- ¿Has dicho el río? 

- Sí, lo encontré y la senté como pude cerca de unas rocas y allí le quité la flecha, descansamos un par de minutos, no mucho. 

- ¿Bebisteis de ese río? - dijo Fray, preocupado.

- Sí... llevábamos días sin líquido alguno...-le tembló la voz.- ¿qué pasa?

- ¡Chico estúpido! ¡¿Cuánto habéis bebido?!

- Hayley un par de cantimploras, yo un par de tragos... 

- Ese agua, de ese mismo río, - Fray empezó a elevar cada vez más la voz.- provocan alucinaciones, te sedan y podrían hasta matarte. Ella podría quedarse así durante años. Además... ¡¿Cómo se os ocurre ir tú y tu novia ciega por el Círculo solos?! - terminó por gritar, sin esperar la reacción de Jake, que le contemplaba  pálido como la cal. 

- ¿Ciega? Ella no es ciega. - Dijo Jake, como si fuera un susurro, esperando que no fuese cierto. 

- Ella está ciega, compruébalo tú mismo.

Jake se levantó con rapideza, y viéndolo todo aún borroso, se encaminó hacia Hayley, levantándole con sumo cuidado los párpados. 

Se le cayó el alma a los pies. Sus iris, pupilas.

El violeta de antaño se había diluido junto con el agua de ese maldito río, y ahora eran translúcidos. 

Le cerró los ojos, y se esforzó por no llorar. 

Capítulo 4.

La vuelta al pueblo, como siempre le pareció eterna, dado que ninguno de los dos hablaba.

Allí todos recordaban la primera cacería de Violence.

Trece años. 

Iba acompañada de otros dos chicos de un par de años más que ella. 

Tan sólo era una visita al campo, pero uno de ellos perdió un par de dedos, y al otro le faltó poco para perder la cabeza. 

Tres o cuatro mutaciis, vuelven a decir las malas lenguas. 

Cuerpos demacrados teñidos de negro, carentes de ojos. 

Que su hedor a muerte hace que los animales huyan en estampida. 

Corrían muy rápido, y quien no tuviera una buena vista y reflejos, está muerto.

El hierro les afecta. La luz no les incomoda lo más mínimo. 

Dicen que Violence cargó con los cuerpos de los mutaciis, ella sola, hasta el pueblo.

Los chicos recibieron un sermón por haber permitido a la niña cargar con los cuerpos ella totalmente sola.

Hasta que bajaron la cabeza, diciendo que ella misma se los había cargado, sin que el veneno procedente de sus mordiscos le afectara lo más mínimo. 

Violence era huérfana, y con lo ocurrido, nadie quería mantenerla en su casa a toda costa. 

Fue cuando Fray dio un paso adelante, acogiendo él mismo a la pequeña.  

Así fue como transcurriendo los tres siguientes años, Violence pronto cumpliría diecisiete años, habiendo aprendido todo lo necesario para poder sobrevivir... sin él. 


Algo lo sacó de su ensoñamiento, en modo de golpes contra la puerta, nerviosos, gritando su nombre.

Corrió hacia la puerta, temiendo, como todas las veces que ocurría aquella situación, no fuera Violence quien estuviera herida e inconsciente, al borde de la muerte.

Pero a sus pies yacía un chico, joven, y prácticamente inconsciente.

Para el colmo, estaba delirando.

Lo que realmente le asustó fue la visión de la chica ensangrentada por todos lados, con vendajes saturados de sangre y una palidez que hasta a él le asustaba.

¿Violence? No.

Volvió a parpadear.

Esa chica tenía el pelo rubio, casi blanco.

lunes, 7 de enero de 2013

Capítulo 3. Segunda parte.

- Me duele.- se quejó.-Tom, ¿me escuchas? Eh.

Su pierna volvía a estar torcida en un ángulo extraño, con algunos rasguños.

- Cállate. Si no te doliera, tu cuerpo sería demasiado amable contigo.

Violence resopló. Aquellas cacerías nunca salían bien.

No del todo.

- Recolócamela de una puta vez.

- ¿Tienes una rama? - Violence se la mostró, y a continuación la mordió.- Bien. - Cogió su pierna, aguantándola con firmeza, y estiró de golpe, hasta escuchar un crujido.

Violence había cerrado fuertemente los ojos, y escupió la rama junto con algo de saliva.

Dobló la pierna, suspirando aliviada.

- ¿Puedes levantarte? - Violence asintió, y Tom le cogió del antebrazo, levantándola del suelo.

En un instante miró a su alrededor.

-¿Cuánto nos darán por todo esto?

Tom miró los mutaciis, intentando calcular.

- Antes daban más. - Tom escupió a un lado. - Por lo menos, lo podremos cambiar al menos por algunos guantes de mutacii nuevos. Los tuyos están hechos una mierda.

- Algo es algo.- Bufó ante el comentario. Le gustaban sus guantes. - Yo no los pienso destripar. Huelen fatal ahí dentro.

Uno de ellos se movió, pero Violence le volvió a clavar su lanza, en la cabeza. Plaf. 

- No dejes que su veneno te alcance, niña imprudente. O yo mismo te atravesaré la cabeza con tu querida lanza.

Violence suspiró. Se agachó y les arrancó los colmillos a algunos de ellos con las manos desnudas. El veneno recorrió su piel, sin daño alguno, ante un resoplido de Tom. A él le molestaba demasiado que hiciese eso, en cambio, para ella era lo más divertido del trabajo.

Algo de veneno se derramó en sus botas, y el líquido empezó a sisear, destruyendo parte del calzado.

- Los guardo para un collar.

Él le miró atónito, intentando encontrarle contestación a eso.

- Es para Fray, lo necesita para sus pociones, idiota. No tienes sentido del humor.

Resopló por quinta vez en esa tarde, y empezó a caminar sin esperar a Violence, que se apresuró a cargar con el cuerpo que faltaba, suspirando.

Aquel era el cuarto compañero de Violence. La mitad estaban en cama, y la otra mitad, muertos.

Ya nadie quería acompañarla por los alrededores, así que quiso ir sola, pero no le dejaron.

Tenía que aguantar a ese tal Tom que le doblaba la edad y que era demasiado robusto para luchar.

Y con suerte, moriría pronto.

Pero estaba durando demasiado, lo bastante para cogerle confianza e incluso cariño.

Y la confianza daba asco.

Capítulo 3.

La llamaban ángel de la muerte. Implacable. 

Su aspecto engañaba a todos. 

Su aspecto asustaba a los más valientes con sólo oír su nombre, se estremecían del más puro terror. 

Hija de la noche e hija de nadie.

Amante de la muerte y tan frágil como un latido.

Un sólo golpe, un movimiento inoportuno; la muerte inminente, sin duda. 

Hablan las malas lenguas de que es hija de un minero y una banshee.

Por ello suponen que tiene hierro en la sangre y una belleza increbrantable. 

Los mutaciis temen de ella sin haberla visto, aún así muchos de ellos subestiman y después ya no hay vuelta atrás. 

Simplemente, es Violence Wells. 

Capítulo 2. Segunda parte.

¿Porqué la dejó ir? Rompió su promesa.

Se aseguró de que no había nada en aquel río y se sumergió con Hayley en él.
Tendría como metro y medio de profundidad, y el agua estaba helada.

Al instante se tiñó de rojo. Si tenía suerte, cuando ella había despertado, no notaría la flecha hasta que el intentara sacársela.

Cuando pudo limpiar totalmente la sangre de Hayley, la llevó a la orilla, sentándola como podía.

Observó la flecha. Si la partía e intentaba sacarla, se podría astillar y le provocaría una grave infección.

Empalideció.

Tendría que empujar la flecha para poder sacarla.

Volvió a mirar a Hayley, que parpadeaba continuamente, para intentar enfocar bien a quien le sujetaba. Le miró, asustado.

- Hayley... No te muevas, ¿vale? Tienes una.. -tragó saliva- flecha en la espalda.

No le contestó. La sangre no cesaba, y Jake volvía a tener las manos rojas de sangre.

- ¿Hayley? ¿Me escuchas? - Su voz temblaba.

-  Jake...- Dijo ella, como en un susurro.

-Hayley, escucha, te va a doler pero tienes que aguantar, tienes que aguantar hasta que estemos los dos a salvo.

- Jake - Volvió a susurrar.

-Aguanta, aguanta por mí, por favor. - Dijo Jake, mientras que notaba cómo su voz se iba aflojando.- Tienes que hacerlo, ¿vale? - De repente se le empañaron los ojos de lágrimas, y una cayó a la cara de Hayley.

Notaba la respiración de Hayley en su propio rostro.

-Jake, voy a estar aquí siempre. Te lo prometo.

- Te voy a sacar la flecha, ¿vale? Lo voy a hacer despacio, voy a intentar que te duela lo mínimo.

Empezó a empujar la flecha lentamente, como le dijo. Ella se mordía el labio aguantando el dolor, casi haciéndose sangre.

Entrecerró los ojos y los volvió a abrir, lentamente. Cuando volvió a abrirlos, Jake tenía entre sus manos la flecha totalmente ensangrentada.

- Dijiste que no dolería.

Él la miró y le sonrió, dejando ver sus dientes blancos, que destacaban, aún más si era posible, sus ojos azules.

-¿Estás bien? ¿Te has mareado? - Le preguntó Jake, preocupado.

-Un poco sedienta, eso es todo...

Jake revolvió en su mochila, sacando cosas sin parar, hasta que dio con su cantimplora, y vendas.

- Tienes suerte de que estemos al lado de un río, ¿sabes?- Se levantó dejando a Hayley apoyada en su mochila, con cuidado.

Se apoyó en las piedras, arrodillado en la orilla. Llenó su cantimplora, y volvió a levantarse, volviendo hacia Hayley, dándosela y ayudándola a sentarse.

Mientras ella bebía, él le tocó la frente en busca de fiebre, bebiendo de la cantimplora cada vez que ella se la pasaba.

- Déjame volver a ver tu espalda. - Hayley asintió, observando cómo Jake daba la vuelta y le levantaba la camiseta hasta por debajo del sujetador. Por suerte, la herida de la flecha estaba en el hombro, y ella llevaba una camiseta de tirantes. No tendría que pasar por el apuro.

La herida había dejado de sangrar.

- Vaya.. Has dejado de sangrar, como por arte de magia. - Volvió delante de Hayley, mirándole sorprendido, mientras cogía las vendas e empezaba a vendarle la herida de flecha.

Ella sonrió, mirando hacia sus pies, como avergonzada.

-Siempre dijiste que toda yo era magia, quizás tengas razón.- Le devolvió la mirada, aún sonriendo.

Él le cogió de la cara con una mano, y la acercó a él, lentamente.

- Eres mágica, siempre lo has sido. - susurró.

Él se acercó más a ella, entreabriendo los labios, quedando a centímetros de los suyos.

- Jake- dijo Hayley, con la voz casi apagada.

Cuando sus frentes se tocaban Jake se acercó aun más a sus labios, rozándose.

- Jake, para. - dijo ella, apartando con suavidad la mano de Jake de su rostro. Él se echó para atrás, asustado.

- ¿Qué ocurre?

- No me encuentro bien - dijo en un susurro.

-Está bien, volvamos a caminar, no creo que tardemos mucho en encontrar ayuda, o alguna población. - se levantó, y ayudó a Hayley a levantarse. - ¿Puedes andar?

- Eso creo.

Empezaron a caminar, ella iba dando traspiés. Le dolía la cabeza, el sol le empezaba a quemar.

Entonces vio como la figura empezaba a cambiar, a deformarse. 

Como si fuera la sombra de Jake, se había retirado todo color de él y se había manifestado el negro. 

Donde había manos ahora se encontraban zarpas. Sus ojos, los que antes había idolatrado, se habían desvanecido. 

Sabía que su visión era irreal, pero aún así sentía miedo. 

La voz que le acababa de preguntar porqué se había parado ahora era gutural, y ahora pronunciaba su nombre.

- No me... toques...-

Fue lo último que dijo antes de caer al suelo, sin conocimiento.

Jake se acercó corriendo a Hayley, sujetándola por los hombros y zarandeándola con cuidado, sin respuesta.

Intentó despertarla con agua de su cantimplora. Nada.

-Venga... por favor, no me falles ahora. - Comprobó si tenía pulso, y sus constantes vitales eran correctas, se dijo a sí mismo.

¿Se había desmayado por agotamiento? ¿Por la pérdida de sangre? Bien podían ser las dos cosas.

Le dieron un par de pinchazos en la sien, soltó un grito sujetándose la cabeza entre las manos.

Empezó a ver borroso, y sintió los brazos flácidos y débiles, pero aún así cogió a Hayley en brazos, acobijando su cabeza en el hueco de entre su cuello y el hombro, con un brazo a cada lado de su torso.

Echó a andar, quizá minutos o quizás horas, pero se le hicieron eternos.

Sin saberlo, se metió en un poblado. Supo sin mirar a los lados que la gente lo miraba, así que supuso que el aspecto de ambos debía ser deplorable.

Notó que estaba hiperventilando, su visión se nublaba y se mareaba cada vez más por momentos, pero sujetó con toda la fuerza que podía a Hayley.

Alguien les gritó.

Cogieron de sus brazos a una ensangrentada Hayley y le dirigieron, sin querer él, a una especie de cabaña.

Antes de cruzar el umbral, cayó inconsciente a pies de quien después conocería como a su salvador.