jueves, 18 de octubre de 2012

Capítulo 2.

Le secó el sudor frío y la comenzó a vestir, ya que había recuperado algo de temperatura. Se vistió él después, y cogió a caballito a Hayley, asegurándola con las chaquetas.
Salió de la cueva; ya había amanecido, y echó a correr.

Tenía que tener cuidado, pues en los pocos momentos que solía recordar de ese maldito mapa que se perdió, aquello podría estar plagado de trampas.

Pisó las ramas con muchísimo cuidado.

Hasta que se apoyó en un árbol en el que no debería haberse apoyado. Aquello empezó a accionar un mecanismo que lanzó flechas en dirección a ellos.

Al oír el suave silbido que emitían las flechas Jake se tiró al suelo, aunque tuvo el error de levantar el brazo.

Gritó de dolor al golpear el suelo con una flecha hundida en el hombro. Sintió el peso muerto de Hayley sobre él, y agradeció no haber caído de espaldas.

Esperó unos minutos, tras sentarse cuidadosamente, intentó no asustarse tras ver la mancha de sangre que le cubría la camiseta y parte del cuello.

Se arrancó rápidamente la flecha del hombro, jadeando. Rápidamente se arrancó un trozo de camiseta para poder taponar la herida, y la tapó.

La mochila había parado dos flechas.

Al menos, Hayley le había servido para ponerse la mochila al revés, o habría sido su final.

Aligerando el paso, empezó a volver a oír el canto de los pájaros.

Le llegó un olor que hacía semanas que no sentía, o mejor dicho la temperatura empezó a cambiar.

Humedad.

Echó a correr con cuidado de no dejar caer a Hayley y al apartar una de las gigantescas plantas consiguió ver un río de aguas totalmente cristalinas, no demasiado profundo.

Se le iluminó la cara y se acercó aún más deprisa.

Se arrodilló en la orilla y formando un cuenco con las manos bebió grandes sorbos de agua fresca y se mojó el pelo del mismo modo.

Notó algo caliente, algo que se pegaba a sus manos.

Se miró las manos.

Se puso pálido al instante. Las tenía teñidas de sangre. Y esa sangre no era suya.

Con un estremecimiento empezó a bajar lentamente a Hayley, hasta tenerla cara a cara.

Se topó con una flecha idéntica a la que tenía hace nada en su hombro, y en la mochila.

Se había hundido en la espalda de Hayley sin atravesarla, pero estaba cerca del cuello, de ahí tanta sangre.

¿Cómo no había tenido reparo en ello? Ella no tenía nada de protección y...

Fue a intentar despertarla cuando observó en que ella ya lo estaba, observándole con sus grandes ojos violetas.